En la mayoría de los casos, el estreñimiento "sólo" es un trastorno funcional (en el que el intestino, en principio, está sano, pero no funciona de forma óptima) y no representa un signo de enfermedad orgánica grave. A pesar de ello, un intestino pesado influye de forma negativa y considerable a nuestro bienestar. Afortunadamente, existen eficaces para combatirlo sin perjudicar al organismo.
¿Qué es, en realidad, el estreñimiento?
En nuestra sociedad, aproximadamente uno de cada cuatro adultos sufre de estreñimiento. Pero, ¿qué es, en realidad, el estreñimiento?
Las opiniones sobre el tema son muy diversas, ya que cada uno se basa en sus hábitos individuales. Las diferencias son considerables: mientras que para algunas personas es normal ir al baño cada tres días, para otras personas lo es dos veces al día. Ninguno de estos casos implica un trastorno digestivo.
Una persona sufre realmente de estreñimiento u obstipación si visita el "reservado" menos de una vez cada tres días. En este caso, las deposiciones son duras y su cantidad escasa. A menudo, sólo se consigue la evacuación ejerciendo una fuerte presión y sufriendo dolores. Asimismo, es frecuente sentir que no se ha producido una evacuación completa.
Si no se realiza una digestión correcta, todo el cuerpo sufre las consecuencias, puesto que una barriga gruesa, llena e hinchada reduce nuestro bienestar significativamente. Además, el estreñimiento puede favorecer la aparición de hemorroides (vasos sanguíneos dilatados de forma varicosa en la salida del intestino que provocan molestias considerables según las circunstancias).
El estreñimiento se puede desarrollar transitoriamente en determinadas situaciones (p. ej., en un viaje o en épocas de mucha actividad) en cuestión de horas, unos pocos días o semanas. Éste sería un caso de obstipación aguda (estreñimiento). Si el estreñimiento se mantiene durante más de tres meses, los médicos hablan entonces de una obstipación crónica.
El estreñimiento, ¿una enfermedad de la vida moderna?
Afortunadamente, las enfermedades graves, tales como las enfermedades del intestino o los trastornos funcionales en el tiroides, son rara vez la causa de un estreñimiento. En estos casos, evidentemente son necesarios el asesoramiento y el tratamiento de un médico. Consulte también a un médico si sospecha que el causante de su estreñimiento puede ser un medicamento, ya que existe toda una gama de fármacos que pueden causar una obstipación. Por ejemplo:
Amitriptilina
Antiácidos (con aluminio o calcio)
Anticolinérgicos
Antidepresivos tricíclicos
Antiinflamatorios no esteroidales
Sulfato de bario
Colestiramina
Clonidina
Colestipol
Disopiramida
Diuréticos
Hierro
Calcioantagonistas
Opioides
Fenotiacina
Fenitoína
Propantelina
Escopolamina
Sucralfato
Simpatomiméticos
Vincristina
Bismuto
En la mayoría de los casos, nuestro moderno estilo de vida es la causa del estreñimiento:
en nuestra alimentación falta a menudo la fibra necesaria para una actividad intestinal regular, debido a que preferimos el pan blanco, la carne y el pudín al pan integral, el régimen crudo y la fruta. Igualmente consumimos poco líquido, mucho menos de los dos a tres litros diarios que se recomiendan. El intestino acusa nuestos errores de alimentación generando una cantidad insuficiente y demasiado dura de deposiciones.
Otro punto débil en nuestro moderno estilo de vida es la falta de movimiento: permanecemos casi todo el día sentados, frente al escritorio, en el coche y frente al televisor. En lugar de subir las escaleras, cogemos el ascensor. Y, desgraciadamente, sólo en escasas ocasiones hacemos el propósito de incluir más deporte en nuestra vida cotidiana. Por ello, no es ninguna sorpresa que nuestro intestino se encuentre más pesado.
Existe también otro factor: la falta de tiempo. Por la mañana no desayunamos o lo hacemos a toda prisa. Ya no tenemos tiempo ni para ir al aseo. A pesar de las quejas del intestino, se reprimen las ganas. Como consecuencia aparece el estreñimiento.
Nuestro cuerpo necesita multitud de sustancias nutritivas que obtiene de los alimentos con ayuda de enzimas. La digestión comienza ya en la boca, durante el masticado de los alimentos: una enzima contenida en la saliva disgrega los hidratos de carbono (almidón, azúcar) en sus componentes básicos. El bolo alimenticio llega a través del esófago al estómago, donde se inicia la digestión de las proteínas. Finalmente en el intestino delgado se descomponen las grasas, las proteínas y los hidratos de carbono en sus componentes básicos y se conducen por las vías sanguíneas hacia los diversos órganos.
Aquéllo que el cuerpo no puede asimilar pasa al intestino grueso. Es aquí donde algunos de los componentes alimenticios que no han podido ser digeridos se descomponen y asimilan gracias a las bacterias que ocupan normalmente dicho intestino y que reciben el nombre de flora intestinal natural. Después de eliminar las sales y el agua del resto que aún permanece en el intestino, se forman las deposiciones y se excretan.
El tipo de nutrición juega un papel importante en el proceso digestivo. La ingestión de alimentos ricos en fibra disminuye los problemas en la actividad intestinal. La fibra se encuentra en alimentos vegetales. Los humanos no son capaces de digerirlas y elevan el volumen de deposiciones, retienen agua y estimulan la actividad intestinal. Las deposiciones se mantienen blandas, lo que hace posible una evacuación sin problemas.
Diariamente deberíamos tomar al menos 30 g de fibra, i. e., ingerir abundantes productos integrales, fruta, verdura y legumbres. Para que la fibra extienda su efecto beneficioso en el intestino, es importante beber dos o más litros de agua al día.
Lea el prospecto del medicamento y consulte a su médico o farmacéutico sobre los riesgos y efectos secundarios.